La cultura de la dopamina
O la muerte de la cultura
Desde pequeño me he criado con arte a mi alrededor. Mi padre fue músico, compositor y productor, y he visto pasar por mi casa (donde mi padre tenía su estudio montado en el garaje) a decenas de artistas.
También he vivido de cerca cómo la industria de la música ha ido evolucionando con la revolución digital, pero la música es solo un pequeño reducto. La cultura en su conjunto ha experimentado un cambio brutal en cuestión de un par de décadas.
Un cambio completo de paradigma que afecta a todos los aspectos, estratos y ramificaciones de la cultura. Y que, quieras o no, a ti también te afecta. Y mucho.
He decidido escribir este artículo, inspirado tras leer a Ted Goia, músico y escritor con una mente privilegiada.
Tradicionalmente, se han diferenciado dos grandes opciones para aquel que quisiera dedicarse al mundo creativo.
O le das al público lo que quiere (entretenimiento) o le propones algo nuevo, un reto, un artificio original que les saque del status quo (arte) y que se origina en un deseo intrínseco de crear algo.
Esto no es algo nuevo. Son dos caminos que han competido entre sí desde hace siglos.
La historia recuerda a los artistas. Y por artista, me refiero a cualquiera que crea algo de forma genuina, de acuerdo a su ritmo, inclinaciones, dudas e incongruencias. Que lo crea porque en su fuero interno necesita hacerlo. Puede ser un científico, ingeniero de software, deportista o artista al uso.
Pero el entretenimiento siempre ha aportado diversión y una forma fácil de desconectar y descansar la mente para la gente, un papel también relevante.
Sin embargo, aunque puedan parecer dos caminos paralelos, la realidad hasta hace poco ha sido más parecida a esto.
Desde luego, así es como lo siente un artista. Un creativo luchando por sobrevivir en un mundo en el que el entretenimiento es el rey. Forzándose a aderezar el arte con entretenimiento para no caer en el olvido. Una combinación que, a veces, incluso da mejores resultados que el arte puro o el entretenimiento puro por sí solos.
Pero algo está ocurriendo en la sociedad actual que le está dando un vuelco a esta histórica situación. Y no es nada bueno para la industria del entretenimiento tradicional pero, por desgracia, tampoco para el arte.
Incluso los grandes nombres del entretenimiento están actualmente sufriendo debido a este cambio:
Disney sufriendo pérdidas sin precedentes, cayendo su valor en un 40%.
Paramount despidiendo cerca de 2000 empleados y buscando la unión con otros estudios para volver a ganar la fuerza perdida.
Warner Bros con pérdidas de miles de millones o ganando más dinero cancelando películas que sacándolas.
Los ejemplos son muchos, pero no solo en estas grandes compañías de producción de entretenimiento, también en el entretenimiento cotidiano de las familias. El uso de la televisión tradicional no para de caer a un ritmo vertiginoso.
Incluso las modernas plataformas de streaming que tuvieron un boom raíz de la pandemia, están llegando a un tope que no consiguen superar. Esto ha llevado a subidas de precios en prácticamente todas las plataformas, llevando a un nuevo modelo de consumo donde el usuario va cambiando de plataforma con el tiemp. O a otra opción: incluir anuncios. Ahora incluso con la versión premium de Spotify te vas a tragar los anuncios.
El arte y el entretenimiento han pasado por diferentes tendencias y movimientos a lo largo de los siglos. Pero, hoy en día, nos enfrentamos a algo totalmente distinto.
No es una nueva moda, un nuevo estilo o un movimiento. Es un cambio de paradigma.
Pero ¿qué puede ser tan poderoso como para robarle el trono al entretenimiento, histórico foco de nuestra atención?
Según nos adentramos en el siglo XXI, vamos viendo como hay un gran ganador en la economía cultural: la distracción.
Puedes llamarlo notificaciones, videos cortos, información instantánea en tu smartwatch... el nombre concreto no es tan importante. Lo importante es el concepto subyacente. Estimulación rápida e incesante.
Unos segundos de distracción con refuerzo intermitente para atraer tu atención.
De hecho, si tienes la capacidad de atención para leer un artículo como este, te encuentras en la minoría en un mundo con cada vez menos capacidad de atención.
El mercado de la atención es inmenso y continúa creciendo sin parar. Pronto superará a todo el mercado del arte y el entretenimiento tradicional en conjunto.
Tik Tok es el culmen de este paradigma. Y todas las plataformas están buscando adaptarse al nuevo modelo. Si antes usabas Facebook para hablar con tus amigos, a lo largo de los años ha ido evolucionando para atraer más tu atención con algoritmos especialmente diseñados para ello. Si Instagram era una plataforma para subir las fotos de tus vacaciones, ahora los reels son el rey y el contenido recomendado aparecerá continuamente en tu feed infinito. Incluso plataformas más 'tradicionales' como Youtube o LinkedIn están empujando los shorts para seguir este modelo.
Y esta tendencia no es una moda pasajera más. El algoritmo que gobierna estas plataformas esta minuciosamente diseñado para satisfacer necesidades biológicas básicas del ser humano, como la búsqueda de dopamina. Una hormona neuroactiva asociada con el placer, y que gobierna el comportamiento humano funcionando como sistema de recompensa.
Si le echas un vistazo largo a ese ciclo... tal vez identifiques a que se asemeja.
Al funcionamiento de una droga. Adicción.
Estas plataformas han ido evolucionando acompañadas de complejos algoritmos de inteligencia artificial que buscan captar el máximo de tu atención, y como consecuencia, han terminado funcionando de esta forma.
Efectivamente, las plataformas modernas están diseñadas para crear adicción. Para que necesites sacar tu teléfono del bolsillo cada 5 minutos. Para que abras la plataforma sin darte cuenta.
¿Qué es lo primero que haces al levantarte? ¿Lo que haces nada más salir de la ducha? ¿Lo que haces mientras esperas la consulta del médico? ¿O mientras estás sentado en el váter?
Por tanto, el modelo actual, es más parecido a esto:
Las empresas detrás de estas plataformas saben perfectamente lo que están haciendo, pero no quieren cambiarlo. Es su negocio. Y no quieren perder cuota frente a otros competidores en mercado de la dopamina.
Esto ha demostrado tener graves consecuencias psicológicas. Producir estrés, ansiedad, depresión y otras alteraciones. Especialmente en las generaciones más jóvenes.
Si analizamos la ciencia detrás de ese ciclo de dopamina, la cosa se pone fea. Muy fea.
Cuanto más se expone una persona a estos estímulos, menos placer recibe de ellos ya que genera tolerancia. Necesitará una dosis más potente para llegar al nivel de satisfacción esperado. Es exactamente el mismo proceso que sigue un drogadicto.
Esto, por supuesto, es perfecto para las plataformas. Si necesitas más de ellas, ganarán más dinero. Tener a usuarios enganchados es garantía de que los accionistas estén contentos.
Sin embargo, para el individuo, esto puede desembocar con el tiempo en un peligroso estado llamado anhedonia. La pérdida de placer con ese estímulo que supuestamente debía proporcionarlo.
Este fenómeno está estrechamente ligado con la depresión (estudio).
Y el problema, es que un yonki tradicional tiene que buscar la droga a escondidas, de forma ilegal y gastando mucho dinero. Pero, hoy en día, todo el mundo tiene un smartphone con acceso instantáneo y pseudo-gratuito a estas plataformas.
Este tema es mucho más profundo y tiene implicaciones que tengo intención de tratar en otros artículos, pero por ahora voy a centrarme en las implicaciones a nivel cultural.
El arte y el entretenimiento actual tienen que adulterarse cada vez más para satisfacer esta necesidad de estímulo rápido y continuo. La cultura va mutando poco a poco, dificultando el progreso de arte genuino o desestimando el entretenimiento que requiere nuestra atención durante periodos largos. Una nueva cultura de inmediatez, multitarea y estímulo rápido.
¿Escuchar un album entero? Para nada. Ahora fragmentos de canciones en TikTok con alguien haciendo el bailecito.
¿Aprender de interacciones sociales y ligar en persona? Nope. Swipe left, hasta que alguien haga match. Y si no cumple X,Y,Z sigo pasando. Total, hay miles de personas.
¿Quedar esta tarde a tomar algo con una amiga? ¡Pero qué dices! Es entre semana. Mejor ver el partido en casa y luego un poco de Instagram.
Todo está evolucionando a este modelo de consumo rápido y continuo.
¿Qué significa esto para nosotros? ¿Para nuestra cultura?
Por lo pronto, para el individuo: ansiedad, pérdida de control, falta de tiempo, sensación de que nada es suficiente...
Esto ya altera notablemente como interactuamos entre nosotros. El tiempo que dedicamos a pasar con amigos y familia. La calidad de ese tiempo, mirando el móvil debajo de la mesa cada 5 minutos. La forma que tenemos de disfrutar de una obra de arte o de una pieza de entretenimiento. Siempre rápido, buscando el siguiente estímulo.
No digo que no tenga ventajas, desde luego que tiene algunas. La promiscuidad puede ser muy divertida, los mensajes instantáneos son convenientes, mandar reels divertidos a tus amigos es una forma más de demostrarles que les quieres y piensas en ellos. Pero en un mundo tan rápido como el actual, la inmensa mayoría no dedica tiempo a analizar los efectos de este nuevo modelo.
No saben si ellos los que usan estas plataformas, o son las plataformas las que los usan a ellos.
De hecho, yo que escribo esto, muchas veces me encuentro desconcertado por como interactúo con este nuevo modelo de cultura. El tirón de estas tendencias es muy fuerte, y ser intencional es indispensable para que no te atrape.
¿Mi recomendación?
Primero, analízate.
¿Hace cuanto que no dedicas tiempo a escuchar un buen album de música? Estando presente, disfrutando de lo que el artista quería transmitir. No pasando canciones al minuto para recibir el siguiente chute.
¿Cuánto tiempo dedicas a las redes sociales? Puedes verlo en los datos de tu smartphone, y posiblemente te sorprenda el resultado.
¿Con que frecuencia ves pornografía? No tengo ningún problema moral con ella, pero su efecto es el mismo que he comentado. El ciclo de dopamina es poderoso.
¿Lees libros? Un arte cada vez más perdido en este mundo de reels, shorts y notificaciones.
Cuando quedas con alguien ¿estás presente? ¿cada cuánto estás mirando el teléfono?
Aunque no lo parezca, el dejar el móvil boca abajo en la mesa o incluso el llevarlo en el bolsillo, ya altera nuestra capacidad para estar presentes, y la percepción de nuestro interlocutor.
Segundo, actúa.
Dedica tiempo a apreciar el arte y el entretenimiento. Desde leer un libro, hasta disfrutar de un videojuego, pasando por ver una de tus películas favoritas (sin sacar el teléfono mientras la ves).
Prueba a desintoxicarte de algo durante un periodo de tiempo. Deja las redes sociales un fin de semana. No veas porno durante un mes. Demuéstrate que eres capaz, y prueba a mantenerlo en el tiempo. Quizás descubras beneficios que no esperabas.
Prueba a ligar en persona. Deja el Tinder una temporada. Da miedo sí, pero solo se supera haciéndolo.
Date un paseo por la naturaleza (o tu barrio en su defecto) sin el teléfono en el bolsillo.
Prueba a quedar con un amigo y no saques el teléfono ni una sola vez.
Prueba a implementar el minimalismo o el minimalismo digital en tu vida. Te ayudará a ganar calma y claridad para poder ser intencional en los distintos aspectos de tu vida.
Cada persona es distinta, con sus debilidades y fortalezas. Pero todos somos víctimas en mayor o menor medida de este cambio sociocultural y de estas plataformas que intentan arramplar con nosotros.
Mantén tú el control.
Un abrazo,
Julio.










